Viernes 25 de abril de 2014

Opinión

Francisco Caja

Diario de un 'xarnego'

Francisco Caja / Filósofo

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'Paqueuvols' o para qué sirve un martillo

25/11/2012 - 01:48

Martillo de orejas (o desclavador)

Martillo de orejas (o desclavador)

Escribo de madrugada para poner en orden mis ideas. Pero –tal vez sea a causa de la melancolía propia de esas horas– una vez que he escrito la primera frase, mi imaginación –o tal vez sea de nuevo mi alter ego que pugna por hacerse con el control– obra por su cuenta y se encabrita. Trisca las palabras y las rumia y las conduce al despeñadero de mis buenas intenciones.

Como ahora. Cuando ya había escrito  “de madrugada”  me arrebató la cabra, pero en esta ocasión no tiró al monte sino a la playa. Ya no era madrugada, sino de matí manyana; quiero decir que seguía siendo de madrugada, pero en el lugar que estaba, en la ribera del río desde la que los íberos lo ven languidecer hermosa e indolentemente en ese mar que llaman suyo, eso se decía así. Porque allí era donde me había llevado el bucardo de mi imaginación.

Y en efecto, la mente se me hacía aguas y seguía ya la corriente caprichosa de un hombre de aquella tierra, Paqueuvols. Paqueuvols  es un hombre práctico donde los haya, pero tiene sus cosas. Por eso carga con su remoquete. Los de pueblo con su habitual misericordia lo motejan así. Y el asunto tiene su explicación. Cuando alguien le pide cualquier cosa, por ejemplo un martillo, él antes de prestarlo siempre pregunta paqueuvols? (per a què ho vols?) La gente no lo comprende y le responden airados ¿para qué va a ser, para picar-me el collons? De ahí su sobrenombre. Y, por esa razón, lo tienen por un hombre de pocas luces. Pero no, Paqueuvols es un filósofo.

Porque a ver, ¿para qué quiere Mas la independencia? No, no se irriten y me respondan: ¿para qué va a ser, para picar-se els collons? Que un martillo sirva para clavar clavos no implica necesariamente que en realidad vaya a usarse para esa función. O sea, que el órgano no crea la función. Lo mismo sucede con la independencia. Porque pudiera ser que se utilizara como el martillo para picar-nos  el collons a tots. Esa es la lección que nos da bajo la apariencia de un escéptico el estoico Paqueuvols, a poco que reflexionemos.

De repente me azoré. Me estaba dando cuenta de que esta filosofía seguir a pies juntillas me podía acarrear la desgracia. En mis oídos resonaban ahora las palabras admonitorias que solemnemente pronunciara el President Mas para la ocasión: «no cal significar-se massa, n'hi ha prou amb no oposar-se».

Y entonces mi mente se nubló. Me estaba significando demasiado. Y, a pesar de que todavía era de matí manyana  se había hecho de noche; todo lo veía negro, sobre todo mi porvenir. Como si fuera de nit cerrada, pensé, como diría Paqueuvols, el nuevo Galileo. Eppure, las aguas de mi mente seguían fluyendo. 

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